miércoles, 6 de abril de 2011

Entre la gente

La relación entre la actividad política nacional y sus dirigentes con la sociedad argentina ha pasado, en estos últimos 10 años, por dos etapas claramente contrastantes; en los años posteriores al 2001, era muy común toparse con dirigentes de distintos partidos en cafés o bares, y ver cómo eran escrachados por grupos de gente verdaderamente enojados (ahorristas, jubilados, asambleístas ó gente sin adscripción política alguna). En muchos casos, esto obligaba a que los dirigentes tuvieran que retirarse del lugar de inmediato.
Esto, hoy, cambió radicalmente, por lo menos, en lo que respecta a las autoridades políticas nacionales. Ellos comprendieron claramente que era indispensable un cambio en esta relación, y que la misma era la base de la construcción de un modelo y de una forma de hacer política completamente diferente a la planteada en la historia del país, en los 30 años anteriores. El puntapié inicial, obviamente, lo dio Néstor Kirchner cuando al asumir como presidente el 25 de mayo del 2003, y rompiendo con el protocolo preestablecido, se bajó de la limusina presidencial que lo conducía y caminó por entre la gente, que esperaba para verlo, y así transitó a pie saludando, recibiendo afecto, energía y, también, un leve corte en su frente. Ese acto, fue el sello de inicio de una nueva etapa en la Argentina. Una etapa donde los dirigentes máximos del estado nacional están entre los militantes compartiendo y viviendo la misma realidad. Esto no sólo es algo que puede verse en actos y reuniones, sino también en la vida cotidiana.
Así, algunos de nosotros tuvimos, en estos días, el gusto de compartir con un ministro de primera línea, un recital del más puro rock local en un conocido bar de San Telmo. El ministro, como uno más, estaba mezclado entre los pibes que se agolpaban debajo del escenario y hacían “pogo” al ritmo de los temas que la banda ofrecía. Ante nuestros ojos atónitos, nos mezclábamos en medio del “pogo” con él, que sin quedarse atrás empujaba y reía sin olvidar ni una estrofa de las canciones que sonaban para disfrutar después de una cerveza bien fría. Al ser descubierto por la banda, fue invitado a subir al escenario a tocar la guitarra y transformarse en un músico más para terminar siendo ovacionado por el público presente.
Esto nos obligó a reflexionar sobre esta diferencia enorme, sobre la necesidad de afianzar esta forma de hacer política, y de entender la actividad dirigencial en contraposición a otros que plantean un modelo exclusivista, de dirigentes aislados de la gente y al margen de la realidad cotidiana. Son esos que se hacen colocar tarimas para no pisar el suelo “sucio” de donde se están sacando la foto de campaña, y sólo aparecen en revistas del jet-set. Estos pseudo dirigentes que no pueden caminar por la calle, excepto en ciertos barrios de la ciudad, porque les sucedería exactamente lo mismo que les sucedía a otros en el 2001.
1


No hay comentarios:

Publicar un comentario