El revés obtenido en el congreso por el Frente Amplio en Uruguay, en su intención de derogar la Ley de Caducidad, que no permite enjuiciar y encarcelar a los genocidas de la última dictadura sufrida allí, da una muestra cabal de lo complejo que es impulsar cambios políticos profundos que realmente modifiquen a la sociedad en su conjunto, como también alertan sobre la absoluta vigencia de los poderes fácticos que pretenden continuar dirigiendo el futuro de la región por fuera de la voluntad popular. Asimismo, esto nos permite una revisión, reflexión y valoración de aquello que pudo lograrse de este lado del Río de la Plata.
Uruguay supo ser uno de los pocos países del cono sur que logró impedir la privatización de los otrora llamados “recursos estratégicos” (gracias a la lucha, obviamente, de su pueblo y de sus estructuras políticas). En contraste en esta nueva etapa, en un contexto diferente, donde son necesarias medidas claras que consoliden las democracias en Latinoamérica, que tiendan a instaurar el estado de derecho para las mayorías y no para algunos, que aseguren el acceso a los recursos indispensables para vivir dignamente a las mayorías, que busquen una mayor democratización de los medios de comunicación y expresión; nuevamente aparecen las fuerzas efectivas de poder que obstaculizan dicho proceso. Así es que un legislador del propio partido oficial no permitió a través de su ausencia, la obtención de votos necesarios para dar fin a un largo período de impunidad similar al que viven aún muchos países de la región. Una democracia que no puede asegurar que quienes atenten contra ella sean enjuiciados y encarcelados, es una democracia débil, una democracia trunca.
En nuestro país los organismos de derechos humanos han dado muestras de una continuidad y una coherencia en su lucha pocas veces vista dado el tiempo transcurrido. No se registraron jamás casos de justicia por mano propia, en todo momento se dieron claras señales que aquello que se perseguía era la justicia en los términos que esta sociedad política posee, a través de sus organismos oficiales. Llevó mucho tiempo obtener y vislumbrar gestos concretos desde el estado que tendieran a saldar esa deuda. El denominado “Juicio a la juntas”, en los inicios de la democracia, fue un primer paso en medio de la oscuridad. No obstante, no alcanzó a sostenerse efectivamente y terminó desdibujándose lo realizado con la puesta en vigencia de las leyes de punto final y obediencia debida. Los gobiernos posteriores continuaron sosteniendo la debilidad jurídica y efectiva de la democracia frente a los poderes fácticos que no sólo no eran juzgados por sus actos pasados, sino que continuaban ejerciendo roles decisivos para el futuro del país.
Recién a partir del año 2003, el estado a través del Gobierno de Néstor Kirchner comenzó a responsabilizarse por lo sucedido en su rol de estado y dió claras señales de tener como pilar de su gobierno la política los Derechos Humanos. No fue ni es sencillo: le valió la vida a Julio López, que aún continúa desaparecido. Hay nietos nacidos en cautiverio que recién hoy están descubriendo su verdadera identidad. Se critica al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner por continuar impulsando estas políticas de justicia y memoria, tanto desde los sectores afines a los poderes fácticos como desde algunos sectores que continúan sin comprender los procesos, y acusan infantilmente al gobierno de apropiarse de los Derechos Humanos como de una bandera política, cuando es justamente lo que debiera hacer todo gobierno democrático, necesariamente, para ser denominado democrático.
En conclusión, estas medidas son indispensables para la continuidad de la democracia como tal, el gobierno uruguayo ya está buscando alternativas a fin de comenzar a hacer justicia. Apoyamos esta búsqueda y planteamos que no hay democracia posible sin estado de derecho que castigue a quienes tomando por la fuerza el poder, se arroguen el derecho que solo le corresponde a los pueblos: dirigir y elegir el destino de sus naciones a través de sus dirigentes por medio de ese instrumento maravilloso que es el voto, en elecciones libres.
MILITANCIA EN ACCIÓN 2011


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